Principio de incertidumbre en la revista Glamour

Glamour - oct 2014

Mar Ramos recomienda Principio de incertidumbre en el número de octubre de la revista Glamour.

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Contraidilio de finales de septiembre

Intenta apreciar el olor a tierra mojada por la mañana, al empezar el día. Pero el recuerdo de tantos trabajos, tan pesados, tan cercano, se lo impide. Con los pies en el estiércol, solo es capaz de sentir tedio y fatiga. Y un poco de frío.

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Urbano vs. Principio de incertidumbre

He aquí las palabras con que mi amigo Urbano Pérez Sánchez presentó mi novela en la Feria del Libro de Plasencia, el 4 de mayo de 2013. Libres de aquel ruido ambiente infernal, ahora sé que el mío es un “realismo en proceso”. Habla Urbano: que la página en blanco nos sirva de ouija:

[1]

Llevaba tiempo queriendo escribir un artículo sobre cierto resurgir de la escena del fanzine en la región y, si era posible, romper esa especie de barrera entre la cultura underground y el oficialismo. La aparición del nº 0 del fanzine de David fue el revulsivo para llevar a cabo al menos una llamada de atención sobre ese movimiento. En ese contexto, David y yo iniciamos un diálogo que ha continuado hasta hoy (en ese momento, estrictamente ligado a la red social)”.

[2]

Un mes después, en ese mismo medio [el blog del Boletín del Observatorio del Libro y la Lectura de Extremadura], publiqué la primera entrega de una serie de dos artículos sobre LOS BLOGS LITERARIOS Y EXTREMADURA. En esa primera entrega, incluí el blog de David sobre todo por dos aspectos que lo distinguían de las bitácoras de otros escritores, ofreciendo diversidad a ese conjunto que yo quería mostrar:

1. SE PODÍA LEER UNA VERSIÓN NO DEFINITIVA AUN DE ESTE PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE (la descarga era libre o podía pagarse un euro que se destinaría a fines sociales).

2. LA CONFIRMACIÓN DE UNA IDEA QUE VENÍA MADURANDO DESDE JUNIO CUANDO ESCRIBÍ SOBRE SARA MAGO: EN LOS POSTS DE DAVID SE APRECIABAN UNA SERIE DE GESTOS O PLANTEAMIENTOS DE CARÁCTER IDEOLÓGICO POCO FRECUENTES EN EL MARCO DE LA LITERATURA EXTREMEÑA ACTUAL”.

[3]

La escritura, el acto en sí, nace ligada casi siempre a un proceso de toma de conciencia de la realidad (o de algunos elementos de la misma) y, al menos en un primer momento, refleja una situación de cuestionamiento de nuestro universo y nuestras creencias precedentes.

En este artículo, al que hago referencia, yo me preguntaba lo siguiente (en relación a la escritura / blog de David):

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina: el interés por la política o la necesidad de narrar?”

Y me contestaba a mí mismo que:

En el caso de David Matías, el interés y la necesidad se presentaron más o menos al mismo tiempo: “Escribimos para transformar. Por eso desde hace algún tiempo me interesa tanto la política”.

Esa necesidad de narrar como consecuencia de un proceso de madurez (personal, intelectual, etc.) y la idea de transformación se encuentran en la base de esta novela, hasta el punto de que Principio de incertidumbre sería -es una de las lecturas que ofrece el texto- el relato en clave de ficción de esa transformación: de ese paso capital a la visión adulta del mundo (me atrevería a decir que el escritor que es hoy David ha pasado por una encrucijada similar a la del protagonista de su novela, Dante, un adolescente que quiere escribir, pese a que esa práctica no sea lo habitual en su entorno: basta con recordar, por ejemplo, la escena en la que se encuentra esquilando ovejas con su padre y unos trabajadores y mientras esquilan Dante le da vuelta a reflexiones de Landero, o se pregunta si Kafka o Witgenstein se vieron en algún momento en una situación parecida)”.

[4]

En este sentido, como no podría ser de otra manera, la propia materia del relato, ese trance o crisis al que hago referencia, determinan dos de los rasgos (méritos) de la obra, que más me llamaron la atención: su intensidad y la persecución constante de nuevas verdades.

Hay una cita célebre de Cela, comentando el proceso de composición de su libro La familia de Pascual Duarte, en la que señalaba que lo que había hecho era ir sumando acción, tras acción, escena tras escena y que aquel conjunto había quedado -quizás de forma involuntaria- como un petardo. Sirviéndome del juego de palabras, esta obra de David es en cierto modo la traca con la que se clausura un tiempo, un periodo de la vida esencial, como es la adolescencia y, al mismo tiempo, esa traca de despedida significa también la bienvenida o la entrada a una nueva edad, marcada por una problemática y unos retos distintos.

(David y yo hemos tenido desde que nos conocimos buen feeling. Me parece que este entendimiento se debe en parte a una especie de “conexión rural”. Hay una serie de elementos, individuos, conductas que se repiten en casi todos los pueblos. No sé si coincidirán conmigo pero me atrevería a decir que al menos el 80 % de las fiestas y otros eventos locales en España están ligados a los petardos (cohetes), a la gastronomía, al consumo de alcohol y -en una proporción un poco menor- a la fiesta taurina. Sin querer ya he tocado tres de los elementos presentes en las escenas más intensas de esta historia protagonizada por personajes adolescentes, a punto de dejar de serlo: las celebraciones ligadas a la tradición (aquí incluiríamos: los encierros de toros, etc.) y la Fiesta de los jóvenes de hoy. Por eso, me parece -y con esto cierro este paréntesis- que quienes pertenezcan a un núcleo rural o posean un pueblo de vacaciones, tendrán una experiencia de lectura del libro distinta: se reconocerán o, por el contrario, se enfrentarán a la visión de David. En cualquier caso, no los dejará indiferentes. El diálogo está asegurado).”

[5]

Volviendo de nuevo al artículo del Boletín del Observatorio, en aquella reseña sobre el blog de David me referí a esta obra -siguiendo en parte lo que decía su propio autor- como: “un relato adolescente, de ambiente rural, pero “con vocación de narrar lo global”.

La literatura de David se nutre de su experiencia directa del presente, el cual es puesto en cuestión constantemente. Habría, por tanto, un parentesco (con todas las reservas que se quieran hacer) con la literatura realista de posguerra. No sé si le parecerá una definición adecuada, pero diría que practica una especie de realismo en proceso, es decir, que habría una voluntad consciente de ofrecer una versión no definitiva de los hechos, o , al menos en parte -pienso en los pasajes compuestos íntegramente a partir de ocurrencias-, susceptible de revisarse de nuevo o rematarse (ya digo que esta impresión de obra en marcha es sólo eso: una impresión. Creo que David trabaja la sintaxis de una manera Tabarovskiana, es decir, casi como una posición ideológica).”

[6]

Teniendo en cuenta el relato y sus personajes, la mezcla de realidad y ficción y esa forma próxima (en numerosos pasajes) al diario íntimo, este trabajo de David se introduciría en una corriente, bastante en boga estos días, que es la de la autoficción, la cual a su vez no difiere demasiado de ese otro cauce conocido como novela de formación. Un ejemplo clásico de esta última sería la obra Pelo de zanahoria de Jules Renard. Principio de incertidumbre tendría en común con este tipo de narraciones la articulación en torno a un personaje en pleno desarrollo que nos va mostrando las características y también las contradicciones de su entorno: empezando por la familia, las instituciones, el pueblo, el trabajo-las clases sociales (este asunto en la novela está muy bien traído: Dante tiene una relación sentimental con Pandora y, a su vez, el padre de Dante tiene una relación laboral -de subordinado- con el padre de Pandora).

Pero hay un libro mucho más reciente, del año 2010, con el que, desde mi punto de vista, esta novela tiene numerosos puntos en común (también recomiendo su lectura). Se trata de El hijo del futbolista de Coradino Vega. Tenemos también personajes que van al instituto, tenemos un pueblo, un profesor de filosofía, algunas experiencias, digamos, de “iniciación”, conflicto de clase -de ambas: aula y estamento-, amor, dolor, muerte, etc. De hecho, el Aviso de lectura del director literario de la editorial en la que está publicado dicho libro, un editor que sé que David conoce y admira (como editor y como teórico), Constantino Bértolo, concluye con esta descripción del texto, perfectamente aplicable a la novela que presentamos esta tarde. Dice así:

Una narración que crece despacio, paso a paso, casi en voz baja pero que se hace oír. La voz de alguien que no acepta la sumisión como memoria”.”

[7]

Voy a ir terminando. Les recomiendo encarecidamente la lectura de esta novela, les va a sorprender. O sea, estoy seguro que la mayoría de ustedes se llevará una sorpresa al llegar a la última página. Una sorpresa literal. Hay una cosa que creo que compartimos ambos, David, que la página en blanco de nuestro procesador puede llegar a convertirse a veces en una especie de ouija (algo, por otra parte, muy de adolescentes). Y hasta aquí puedo leer.

Gracias por invitarme a acompañarte esta tarde.

Ya esperamos lo siguiente, David. Aunque no tenemos prisa, sabremos aguardar”.

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¡Jo, con la caja!

A veces, frente a la distancia de la crítica profesional (“distancia” emocional: la crítica, casi siempre tan interesada económicamente), prefiero la cercanía de una lectura honesta. He aquí las palabras de una amiga a la que le presté Soy una caja de Natalia Carrero:

SOY UN CAJA me ha entusiasmado. Lectura fácil y con la que casi cualquiera se puede identificar. Me sentí hasta incómoda por acercarse tanto a algunos matices de mi día a día o más bien a días ya pasados. Sobre todo la primera mitad del libro es muy intensa (bajo mi punto de vista y sobre mis circunstancias). Ha tenido tal capacidad de hacerme reflexionar sobre algunas de mis dudas que me atrevería a decir que me ha dolido. Creo que no lo volvería a leer, me lo he tomado como un ataque personal que me llega tarde…jejeje. Pero me ha encantado (qué contradictoria soy). Aunque reconozco que no he podido evitar releerme algunos asaltos y frases reconfortantes. Es como una tentación, me he sentido identificada, ofendida, espiada…, comprendida, animada… Ha sido una montaña rusa de sensaciones antónimas. ¡¡Jo, con la caja.!!

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Porn & Pains de Elisa Victoria

porn and pains

[Viene del texto de la imagen] La última noche el agotamiento me venció y decidí renunciar. Pensé que lo mejor sería masturbarme para relajar los músculos  y cerrar los ojos mientras durara el sedante. Para un momento ta delicado me decanté por la fiel Belladonna, que acudió a mí joven, pletórica y bien acompañada. Mi sangre volvió a latir y me entregué a la hipnosis.

De repente, eran por lo menos las cuatro de la mañana, en la pestaña contigua se me anuncio el recibimiento de un nuevo mensaje. Sólo podía ser de ella. Resolví rápidamente el conflicto y concluí correrme antes. Si eran malas noticias no me podrían quitar las ganas. Si eran buenas mi cuerpo las acogería sin quemazón. No resultó muy difícil porque tenía prisa y la escena me entusiasmaba. En unos minutos arremetió contra mí su basura e respuesta, una decepción breve y humillante que me otorgaba el lugar de una hiena con las pupilas dilatadas.

Al vídeo le guardo cariño y gratitud. A tus lechosos huesos les deseo tantas violaciones como les quepan antes de que sus malolientes escombros sean esparcidos por aquel descampado al que ibas a pillar, disfrazada de princesa jipi porque era la moda.

¿Cómo decirlo?

Somos, España, una colonia (quizá no solo) cultural de los Estados Unidos.

O:

Somos una colonia cultural de los Estados Unidos. Y puede que no solo cultural. Nosotros, España (y medio mundo).

Es muy probable que vistas como lo haces influido en cierta medida por la moda de Estados Unidos. Casi todo el cine que ves es estadounidense o está influido por él. También la televisión (y la prensa): el telediario, las series, la publicidad, los reality-shows, otros programas de entretenimiento. O son importaciones estadounidenses o imitan su estilo y contenidos: su story-telling, su timing. Hemos crecido, nos han educado, viendo dibujos animados y películas traducidas del inglés. Los géneros musicales que practican tus grupos preferidos se inventaron allí: rock, pop, jazz, rap, house. Te encanta el country, pero no la jota. El modelo de los restaurantes en los que cenas los viernes por la noche, ya sean chinos, italianos, indios, japoneses, mejicanos, hamburgueserías, pizzerías, kebabs, no procede de sus respectivos países, sino de Nueva York, la ciudad-mundo en la que han convergido millones de migrantes con el negocio de las franquicias. La mayoría de los libros que se editan en el mundo siguen el canon estadounidense, que ha penetrado incluso en la percibida como literatura de vanguardia (en el mismo lenguaje), una contaminación que en España tiene su paradigma en la generación Nocilla. ¿Por qué tantas palabras inglesas en el telediario?, me pregunta, protesta, mi madre mientras el presentador habla de running. Porque ponen nombre a objetos o hábitos propios de la vida en los Estados Unidos, respondo, que hemos importado o heredado nosotros. Cuando, dentro de un rato, salga a correr alrededor de mi pueblo, en el norte de la provincia de Cáceres, por un camino que atraviesa fincas de vacas y plantaciones de maíz, estaré imitando a los yuppies que, desde hace décadas, corren por Central Park.

Y desde esa posición, la del artefacto cultural influido o, incluso, producido por la cultura estadounidense, escribe Elisa Victoria (Sevilla, 1985). Su libro es un diccionario de películas, estilos y prácticas pornográficas, también del léxico inglés que usamos para referirnos a las mismas, pero sobre todo de actrices. Aún ahora no sabría identificar la voz del narrador como masculina o femenina. Me he pasado medio libro creyendo que el narrador era una chica a la que le gustan las chicas (un trasunto de la propia Elisa Victoria) para terminar pensando que es un chico. Aunque es muy probable que tal confusión proceda de mi torpeza como lector, esa indefinición del género de un sujeto que disfruta con el porno me parece otro de los aciertos del libro. Una lectura inmejorable, tampoco sé muy bien por qué, para los días de resaca.

Porn & Pains. Qué decir del porno como punta de lanza de la industria cultural del único país que, hasta la fecha, ha sido capaz de tirar una bomba atómica sobre la población (civil). Pues que, en manos de Elisa Victoria, puede servir para hablarnos del dolor, de los daños que se infiltran cada día en nuestra propia vida.

Elisa Victoria, Porn & Pains, Madrid: Esto no es Berlín, 2013.

 

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Soy una caja de Natalia Carrero

Montaje propio a partir de varias piezas de Eva Lootz, entre las que se encuentra un retrato de Clarice Lispector

Gracias a la lectura a veces conoces personas (ciertos personajes, el mismo autor) excepcionales. Gracias a Soy una caja conocerás a dos: a Nadila, la narradora, y a CL, trasunto de la escritora Clarice Lispector. La Toscana del siglo XIV vio nacer al Virgilio de Dante. Nosotros, a la Lispector de Natalia Carrero.

Nadila, la también protagonista, que “[ha] abandonado la casa de [sus] padres porque no [se] sentía querida”, encuentra en la escritura un medio con que “comerme la cabeza para resolver lo que llamo las grandes ecuaciones del misterio de mi propia vida, las cuales me darán la clave para saber hacia dónde dirigirme, cómo llamarme y, por fin, qué diablos ser”. Pero no hará el camino sola, sino de la mano de los textos de Lispector, hasta el punto de transformar Soy una caja en un remix de los grandes éxitos de “una escritora que afirmaba que una gallina, un perro, una cucaracha valían más que la literatura”. Su lema: “Digo lo que tengo que decir”, otra vez, “sin literatura”.

Mientras Nadila, una caja llena de palabras a las que no sabe muy bien cómo liberar, no para de buscar la forma adecuada de escribirlas: de narrarse a sí misma: de adquirir una identidad propia a través del relato, llegando incluso a escribir en camisetas, sobre su propio cuerpo (en una práctica genial de body art que, en otro campo, el periodismo, podría recordarme a Günter Wallraff), yo cada vez leo menos por placer. Quizá porque mi trabajo consiste en leer, de forma sesgada, como corresponde a toda lectura académica. Quizá porque no tengo a casi nadie con quien hablar de lo que leo y no me satisface, aunque lo haga, exhibir mis lecturas en Facebook, como veo que hacen tantos de mi generación, dando más importancia al hecho de la lectura que al libro en cuestión. No me apetece leer solo para mí. Podría decirse que leo hacia los demás pero no encuentro respuesta.

…Estoy buscando, estoy buscando. Intento comprender. Intento dar a alguien lo que he vivido y no sé a quién, pero no quiero quedarme con lo que he vivido.

C.L.

Y, sin embargo, sigo escribiendo.

Siento hablar de mí en un espacio que se suponía reservado a otro (un libro, Nadila). Pero quizá ese sea uno de los muchos méritos de Soy una caja: que te obliga a mirar hacia dentro y explorar.

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La forma de caminar, la forma de vestir, la forma de mirar… forma forma forma era lo que buscaba, quizá para no caer en el fondo porque yo era cobarde, en el sentido de incapaz de enfrentarme a él.

Natalia Carrero, Soy una caja, Madrid: Caballo de Troya, 2008.

 

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Paranoicos 2003

Hace algunas semanas, mis padres y mi hermana hicieron limpieza en casa obligados por un pequeño incendio. En mi habitación apareció, entre tantos objetos de otros tiempos, el cd del Dance e-jay, un programa para crear tu propia música electrónica, y otro cd en que, allá por 2003, grabamos algunas canciones mi amigo Christian y yo bajo los pseudónimos artísticos de, jaja, Fido DJ y DJ Orgen (no éramos DJs, pero en fin…). El disco, que, como no podía ser de otra forma, se llamó Paranoicos 2003, está disponible ahora en bandcamp para escarnio púbico. No sean demasiado duros con él: Fido solo tenía 16 años y servidor, 17.

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Autorretrato

Estoy hecho de golpes, de agujeros,
de ceniza caliente que llena mis arterias
y me pinta una estrella en el cielo de la boca.
Soy el dueño de heridas extranjeras
que sangran todavía bajo las cicatrices,
y lo terrible del dolor ajeno es saberse la causa.
Fui la llaga, el cuchillo.
¿Por qué esta vida nuestra viene siempre
de la mano de la muerte de alguien?
(Ya sé que cada paso traiciona un pensamiento,
que la única inocencia es no pensar,
pero la vana lógica
no sirve de consuelo).
Estoy hecho de huecos, de túneles, de barro,
de palabras que significan poco.
Soy la sombra de lo que pensó alguien
hace ya muchos años. No soy lo que soñaron
(el sueño de aquel sueño, un fuego que se apaga).
Soy una piel reseca y poco más,
este golpe de huesos mal sumados.
Lo demás, viento y vanidad, miseria.

Javier Rodríguez Marcos, Mientras Arden, Hiperión, 1996.

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Cuando los hombres mataban por defender la literatura

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Hizo, en cambio, mucho ruido, y es por varias razones muy curioso, el Christophe Colomb, de Nepomuceno Lemercier, representado en 1809. Lemercier, que era un innovdor a medias, contradictorio consigo mismo y de fuerzas por todo extremo inferiores a la audacia de sus propósitos, llamó a su pieza comedia histórica shakspiriana, y tuvo el arrojo de violar las unidades de lugar y tiempo, que, en verdad, eran incompatibles con tal asunto. Hízolo por medio de un hábil escamoteo, presentando siempre a la vista del publico la carabela de Colón, con lo cual el viaje se efectúa sin cambio de escena, salvándose en apariencia el ridículo precepto, al mismo tiempo que se le conculca en lo sustancial. El recurso era ingenioso, pero la pieza fue silbada, y quizá lo merecía por otros conceptos. El tumulto fue tan espantoso, que se convirtió en batalla campal, y un hombre quedó muerto en el teatro, y otros muchos salieron magullados y contusos, en obsequio a la Poética de Boileau y a las tres unidades.

Marcelino Menéndez Pelayo, “Observaciones preliminares. X. El Nuevo Mundo descubierto por Cristobal Colón” en Obras de Lope de Vega, Madrid: Ediciones Atlas, 1968 [1900], p. 110.

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La dominación albercana y el origen del mito de Las Batuecas y Las Hurdes

Venancio Gombau, 1911.

Venancio Gombau, 1911.

“En efecto, Diego Muñoz Torrero, que llegará a ser presidente de las Cortes de Cádiz y rector de la Universidad de Salamanca, es quien inicia, en 1823, el proceso  para la abolición de las ‘visitas’ del Concejo de La Alberca a los concejos de Las Hurdes. Visitas que, en realidad, eran instrumento de represión, sin base legal, mediante el cual se cobraban impuestos, se imponían multas y se decretaban prohibiciones de toda naturaleza.

Conservamos una descripción de cómo eran esas ‘visitas’ y de su lectura se deduce que las mismas, apoyadas por las ‘Ordenanzas’, fueron, sin duda, las que yugularon toda posibilidad de progreso en Las Hurdes:

El Concejo de Franqueado está como queda dicho en baldíos del Duque de Alba, y sus habitantes pueden hacer libremente descuajos si encuentran terreno a propósito, pero los otros sufren todos los años una visita compuesta por el Alcalde, escribano y alguacil del lugar de La Alberca, todos asalariados, los cuales obligan al alcalde del Concejo a acompañarles para recorrer todos los sitios y alquerías y por cada descuajo que encuentran imponen veintiún reales de multa… Obligan además a aquellos infelices a ir a La Alberca a sacar cartas de dote, cuyos derechos ascienden a trece reales… Sobre ésta y otras vejaciones han intentado pleito dos veces aquellos concejos, pero como carecen absolutamente de recursos no han podido seguirlos.

En 1835 quedaron anulados, al parecer, los Ordenamientos de La Alberca, pero el oscurantismo y el sistema de relaciones fundado en la costumbre de carácter feudal debió pervivir muchos años todavía, como asegura Barrantes:

La supresión de los privilegios no fue verosímilmente conocida por los jurdanos, que viven fuera del mundo, y siguieron reinando allí las mismas costumbres tradicionales, y siguió La Alberca siendo señora del territorio ilegalmente. También de estos ejemplos hay tantos en Extremadura, que por no distraer la atención del lector lo remitimos a nuestro Aparato para su historia, donde se describe a la larga como fuentes de la corrupción social y religiosa en que hoy yacen algunos pueblos extremeños. A la sombra de las Ordenanzas antiguas se habían ido creando unos como feudos particulares, pues cada jurdano que poseía un pedazo de tierra cultivado, un ruedo de olivar o un hatillo de cabras, acudía en us apuros a un vecino de La Alberca, que se lo compraba o le prestaba dinero a usura.

[…] Desde este momento entonces, momento que podemos situar a la altura de la década de los noventa del siglo XIX, el discurso histórico ha encontrado por fin la estructura de relación social que ha dado lugar al mito, como si se tratara de una estrategia manipuladora:

De aquí naturalmente, y para cohonestar tantos abusos, han salido en todo tiempo las calumnias contra los jurdanos; pintándolos como salvajes sodomitas, para que nadie se interese por ellos. De La Alberca eran los pastores que en el siglo XVI hicieron creer a los primeros frailes de Las Batuecas que el valle estaba habitado por demonios. De allí se enviaron las relaciones horripilantes que hizo suyas el Dr. Velasco. Allí mismo hace una década nada más se decía al Sr. Pizarro que iba a recorrer un país extremadamente pobre, ocupado por una población huraña, idiota, semisalvaje, incapaz de todo progreso material y moral. ‘Lo primero’, escribe en su Memoria, ‘es relativamente cierto; pero el segundo concepto es exagerado’.”

Fernando R. de la Flor, De Las Batuecas a Las Hurdes. Fragmentos para una historia mítica de Extremadura, Mérida: Editora regional de Extremadura, 1999 [1989].

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