Ruth Matilda Anderson e Inge Morath: dos fotógrafas en Las Hurdes

© Inge Morath/Magnum Photos Women and children. Las Hurdes (Cáceres), 1955.

© Inge Morath/Magnum Photos, Women and children. Las Hurdes (Cáceres), 1955.

La fotógrafa estadounidense Ruth Matilda Anderson regresó a España en 1949. A su paso por Montehermoso (Cáceres), quiso visitar a sus antiguos modelos, con los que había trabado cierta amistad. Allí se reencontró con Crescencia, de ojos tristes y boca severa. Había perdido a tres de sus hijos en el frente o en accidentes de carretera (dos caras distintas de la modernidad). Y, con ellos, el gusto por la vida. Hasta el punto de deshacerse de las macetas que en otro tiempo habían alegrado su balcón. Su ensimismamiento en el dolor trajo a la memoria de la fotógrafa la muchacha de Villanueva de la Serena que, en obediencia al luto que su padre le había prescrito, había dejado de cantar mientras se afanaba en sus labores. También vestía de negro el señor Genaro, en recuerdo de varios parientes entre los que se encontraban su padre o su hermano. Pero trabajaba con una hoja de trébol en la oreja, como en aquellos días de fiesta de su juventud, empeñado, a pesar de las dificultades, en seguir fabricando cencerros. No obstante, “twenty years and a civil war have exiled tradition to the arcas. Wearing regional dress is now”, anotaba Anderson en su cuaderno, “largely a matter of dressing up and belongs as much to the señorita as to the labradora”. Relegado a eventos como el carnaval, el uso del traje regional (y, en especial, el masculino) se hallaba en claro retroceso. “The fact that Spain is a man’s country is nowhere more evident than in the fact that men are content in corduroys and velveteens to watch the preening of bright-plumaged girls, and that the girls are content to preen for such dull-vestures men” (2004: 270). La estadounidense, sin embargo, admitía en aquellos hombres una gracias varonil que no necesitaban subrayar con colores ni ornamentos. “In the history of fashion, sport has played a part in relaxing the brinding control of clothes”. Pero a las extremeñas no les estaba reservada la práctica de ejercicio recreativo alguno. “Nevertheless young women, girls, surrender the warmth of wool for the slight comfort of silk or rayon, with a sweater superadded”. Algo debía de estar influyéndolas. “One can only imagine it to have been the moving picture, which can set before them with actuality the appearence of women in the great world” (271). Pero, a pesar de la expansión casi imparable de la globalización estadounidense, las instantáneas hurdanas que Inge Morath realizó en 1955, casi treinta años después que las de Anderson, apenas mostraban cambios en la indumentaria de sus modelos. Aún habría que esperar varias décadas para que la economía de la nueva mancomunidad de Las Hurdes creciera al mismo ritmo que la de sus comarcas vecinas.

Anderson, Ruth Matilda (2004); In the lands of/En tierras de Extremadura; Nueva York/Badajoz: The Hispanic Society of America/Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo.

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