Urbano vs. Principio de incertidumbre

He aquí las palabras con que mi amigo Urbano Pérez Sánchez presentó mi novela en la Feria del Libro de Plasencia, el 4 de mayo de 2013. Libres de aquel ruido ambiente infernal, ahora sé que el mío es un “realismo en proceso”. Habla Urbano: que la página en blanco nos sirva de ouija:

[1]

Llevaba tiempo queriendo escribir un artículo sobre cierto resurgir de la escena del fanzine en la región y, si era posible, romper esa especie de barrera entre la cultura underground y el oficialismo. La aparición del nº 0 del fanzine de David fue el revulsivo para llevar a cabo al menos una llamada de atención sobre ese movimiento. En ese contexto, David y yo iniciamos un diálogo que ha continuado hasta hoy (en ese momento, estrictamente ligado a la red social)”.

[2]

Un mes después, en ese mismo medio [el blog del Boletín del Observatorio del Libro y la Lectura de Extremadura], publiqué la primera entrega de una serie de dos artículos sobre LOS BLOGS LITERARIOS Y EXTREMADURA. En esa primera entrega, incluí el blog de David sobre todo por dos aspectos que lo distinguían de las bitácoras de otros escritores, ofreciendo diversidad a ese conjunto que yo quería mostrar:

1. SE PODÍA LEER UNA VERSIÓN NO DEFINITIVA AUN DE ESTE PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE (la descarga era libre o podía pagarse un euro que se destinaría a fines sociales).

2. LA CONFIRMACIÓN DE UNA IDEA QUE VENÍA MADURANDO DESDE JUNIO CUANDO ESCRIBÍ SOBRE SARA MAGO: EN LOS POSTS DE DAVID SE APRECIABAN UNA SERIE DE GESTOS O PLANTEAMIENTOS DE CARÁCTER IDEOLÓGICO POCO FRECUENTES EN EL MARCO DE LA LITERATURA EXTREMEÑA ACTUAL”.

[3]

La escritura, el acto en sí, nace ligada casi siempre a un proceso de toma de conciencia de la realidad (o de algunos elementos de la misma) y, al menos en un primer momento, refleja una situación de cuestionamiento de nuestro universo y nuestras creencias precedentes.

En este artículo, al que hago referencia, yo me preguntaba lo siguiente (en relación a la escritura / blog de David):

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina: el interés por la política o la necesidad de narrar?”

Y me contestaba a mí mismo que:

En el caso de David Matías, el interés y la necesidad se presentaron más o menos al mismo tiempo: “Escribimos para transformar. Por eso desde hace algún tiempo me interesa tanto la política”.

Esa necesidad de narrar como consecuencia de un proceso de madurez (personal, intelectual, etc.) y la idea de transformación se encuentran en la base de esta novela, hasta el punto de que Principio de incertidumbre sería -es una de las lecturas que ofrece el texto- el relato en clave de ficción de esa transformación: de ese paso capital a la visión adulta del mundo (me atrevería a decir que el escritor que es hoy David ha pasado por una encrucijada similar a la del protagonista de su novela, Dante, un adolescente que quiere escribir, pese a que esa práctica no sea lo habitual en su entorno: basta con recordar, por ejemplo, la escena en la que se encuentra esquilando ovejas con su padre y unos trabajadores y mientras esquilan Dante le da vuelta a reflexiones de Landero, o se pregunta si Kafka o Witgenstein se vieron en algún momento en una situación parecida)”.

[4]

En este sentido, como no podría ser de otra manera, la propia materia del relato, ese trance o crisis al que hago referencia, determinan dos de los rasgos (méritos) de la obra, que más me llamaron la atención: su intensidad y la persecución constante de nuevas verdades.

Hay una cita célebre de Cela, comentando el proceso de composición de su libro La familia de Pascual Duarte, en la que señalaba que lo que había hecho era ir sumando acción, tras acción, escena tras escena y que aquel conjunto había quedado -quizás de forma involuntaria- como un petardo. Sirviéndome del juego de palabras, esta obra de David es en cierto modo la traca con la que se clausura un tiempo, un periodo de la vida esencial, como es la adolescencia y, al mismo tiempo, esa traca de despedida significa también la bienvenida o la entrada a una nueva edad, marcada por una problemática y unos retos distintos.

(David y yo hemos tenido desde que nos conocimos buen feeling. Me parece que este entendimiento se debe en parte a una especie de “conexión rural”. Hay una serie de elementos, individuos, conductas que se repiten en casi todos los pueblos. No sé si coincidirán conmigo pero me atrevería a decir que al menos el 80 % de las fiestas y otros eventos locales en España están ligados a los petardos (cohetes), a la gastronomía, al consumo de alcohol y -en una proporción un poco menor- a la fiesta taurina. Sin querer ya he tocado tres de los elementos presentes en las escenas más intensas de esta historia protagonizada por personajes adolescentes, a punto de dejar de serlo: las celebraciones ligadas a la tradición (aquí incluiríamos: los encierros de toros, etc.) y la Fiesta de los jóvenes de hoy. Por eso, me parece -y con esto cierro este paréntesis- que quienes pertenezcan a un núcleo rural o posean un pueblo de vacaciones, tendrán una experiencia de lectura del libro distinta: se reconocerán o, por el contrario, se enfrentarán a la visión de David. En cualquier caso, no los dejará indiferentes. El diálogo está asegurado).”

[5]

Volviendo de nuevo al artículo del Boletín del Observatorio, en aquella reseña sobre el blog de David me referí a esta obra -siguiendo en parte lo que decía su propio autor- como: “un relato adolescente, de ambiente rural, pero “con vocación de narrar lo global”.

La literatura de David se nutre de su experiencia directa del presente, el cual es puesto en cuestión constantemente. Habría, por tanto, un parentesco (con todas las reservas que se quieran hacer) con la literatura realista de posguerra. No sé si le parecerá una definición adecuada, pero diría que practica una especie de realismo en proceso, es decir, que habría una voluntad consciente de ofrecer una versión no definitiva de los hechos, o , al menos en parte -pienso en los pasajes compuestos íntegramente a partir de ocurrencias-, susceptible de revisarse de nuevo o rematarse (ya digo que esta impresión de obra en marcha es sólo eso: una impresión. Creo que David trabaja la sintaxis de una manera Tabarovskiana, es decir, casi como una posición ideológica).”

[6]

Teniendo en cuenta el relato y sus personajes, la mezcla de realidad y ficción y esa forma próxima (en numerosos pasajes) al diario íntimo, este trabajo de David se introduciría en una corriente, bastante en boga estos días, que es la de la autoficción, la cual a su vez no difiere demasiado de ese otro cauce conocido como novela de formación. Un ejemplo clásico de esta última sería la obra Pelo de zanahoria de Jules Renard. Principio de incertidumbre tendría en común con este tipo de narraciones la articulación en torno a un personaje en pleno desarrollo que nos va mostrando las características y también las contradicciones de su entorno: empezando por la familia, las instituciones, el pueblo, el trabajo-las clases sociales (este asunto en la novela está muy bien traído: Dante tiene una relación sentimental con Pandora y, a su vez, el padre de Dante tiene una relación laboral -de subordinado- con el padre de Pandora).

Pero hay un libro mucho más reciente, del año 2010, con el que, desde mi punto de vista, esta novela tiene numerosos puntos en común (también recomiendo su lectura). Se trata de El hijo del futbolista de Coradino Vega. Tenemos también personajes que van al instituto, tenemos un pueblo, un profesor de filosofía, algunas experiencias, digamos, de “iniciación”, conflicto de clase -de ambas: aula y estamento-, amor, dolor, muerte, etc. De hecho, el Aviso de lectura del director literario de la editorial en la que está publicado dicho libro, un editor que sé que David conoce y admira (como editor y como teórico), Constantino Bértolo, concluye con esta descripción del texto, perfectamente aplicable a la novela que presentamos esta tarde. Dice así:

Una narración que crece despacio, paso a paso, casi en voz baja pero que se hace oír. La voz de alguien que no acepta la sumisión como memoria”.”

[7]

Voy a ir terminando. Les recomiendo encarecidamente la lectura de esta novela, les va a sorprender. O sea, estoy seguro que la mayoría de ustedes se llevará una sorpresa al llegar a la última página. Una sorpresa literal. Hay una cosa que creo que compartimos ambos, David, que la página en blanco de nuestro procesador puede llegar a convertirse a veces en una especie de ouija (algo, por otra parte, muy de adolescentes). Y hasta aquí puedo leer.

Gracias por invitarme a acompañarte esta tarde.

Ya esperamos lo siguiente, David. Aunque no tenemos prisa, sabremos aguardar”.

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