Porn & Pains de Elisa Victoria

porn and pains

[Viene del texto de la imagen] La última noche el agotamiento me venció y decidí renunciar. Pensé que lo mejor sería masturbarme para relajar los músculos  y cerrar los ojos mientras durara el sedante. Para un momento ta delicado me decanté por la fiel Belladonna, que acudió a mí joven, pletórica y bien acompañada. Mi sangre volvió a latir y me entregué a la hipnosis.

De repente, eran por lo menos las cuatro de la mañana, en la pestaña contigua se me anuncio el recibimiento de un nuevo mensaje. Sólo podía ser de ella. Resolví rápidamente el conflicto y concluí correrme antes. Si eran malas noticias no me podrían quitar las ganas. Si eran buenas mi cuerpo las acogería sin quemazón. No resultó muy difícil porque tenía prisa y la escena me entusiasmaba. En unos minutos arremetió contra mí su basura e respuesta, una decepción breve y humillante que me otorgaba el lugar de una hiena con las pupilas dilatadas.

Al vídeo le guardo cariño y gratitud. A tus lechosos huesos les deseo tantas violaciones como les quepan antes de que sus malolientes escombros sean esparcidos por aquel descampado al que ibas a pillar, disfrazada de princesa jipi porque era la moda.

¿Cómo decirlo?

Somos, España, una colonia (quizá no solo) cultural de los Estados Unidos.

O:

Somos una colonia cultural de los Estados Unidos. Y puede que no solo cultural. Nosotros, España (y medio mundo).

Es muy probable que vistas como lo haces influido en cierta medida por la moda de Estados Unidos. Casi todo el cine que ves es estadounidense o está influido por él. También la televisión (y la prensa): el telediario, las series, la publicidad, los reality-shows, otros programas de entretenimiento. O son importaciones estadounidenses o imitan su estilo y contenidos: su story-telling, su timing. Hemos crecido, nos han educado, viendo dibujos animados y películas traducidas del inglés. Los géneros musicales que practican tus grupos preferidos se inventaron allí: rock, pop, jazz, rap, house. Te encanta el country, pero no la jota. El modelo de los restaurantes en los que cenas los viernes por la noche, ya sean chinos, italianos, indios, japoneses, mejicanos, hamburgueserías, pizzerías, kebabs, no procede de sus respectivos países, sino de Nueva York, la ciudad-mundo en la que han convergido millones de migrantes con el negocio de las franquicias. La mayoría de los libros que se editan en el mundo siguen el canon estadounidense, que ha penetrado incluso en la percibida como literatura de vanguardia (en el mismo lenguaje), una contaminación que en España tiene su paradigma en la generación Nocilla. ¿Por qué tantas palabras inglesas en el telediario?, me pregunta, protesta, mi madre mientras el presentador habla de running. Porque ponen nombre a objetos o hábitos propios de la vida en los Estados Unidos, respondo, que hemos importado o heredado nosotros. Cuando, dentro de un rato, salga a correr alrededor de mi pueblo, en el norte de la provincia de Cáceres, por un camino que atraviesa fincas de vacas y plantaciones de maíz, estaré imitando a los yuppies que, desde hace décadas, corren por Central Park.

Y desde esa posición, la del artefacto cultural influido o, incluso, producido por la cultura estadounidense, escribe Elisa Victoria (Sevilla, 1985). Su libro es un diccionario de películas, estilos y prácticas pornográficas, también del léxico inglés que usamos para referirnos a las mismas, pero sobre todo de actrices. Aún ahora no sabría identificar la voz del narrador como masculina o femenina. Me he pasado medio libro creyendo que el narrador era una chica a la que le gustan las chicas (un trasunto de la propia Elisa Victoria) para terminar pensando que es un chico. Aunque es muy probable que tal confusión proceda de mi torpeza como lector, esa indefinición del género de un sujeto que disfruta con el porno me parece otro de los aciertos del libro. Una lectura inmejorable, tampoco sé muy bien por qué, para los días de resaca.

Porn & Pains. Qué decir del porno como punta de lanza de la industria cultural del único país que, hasta la fecha, ha sido capaz de tirar una bomba atómica sobre la población (civil). Pues que, en manos de Elisa Victoria, puede servir para hablarnos del dolor, de los daños que se infiltran cada día en nuestra propia vida.

Elisa Victoria, Porn & Pains, Madrid: Esto no es Berlín, 2013.

 

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