Soy una caja de Natalia Carrero

Montaje propio a partir de varias piezas de Eva Lootz, entre las que se encuentra un retrato de Clarice Lispector

Gracias a la lectura a veces conoces personas (ciertos personajes, el mismo autor) excepcionales. Gracias a Soy una caja conocerás a dos: a Nadila, la narradora, y a CL, trasunto de la escritora Clarice Lispector. La Toscana del siglo XIV vio nacer al Virgilio de Dante. Nosotros, a la Lispector de Natalia Carrero.

Nadila, la también protagonista, que “[ha] abandonado la casa de [sus] padres porque no [se] sentía querida”, encuentra en la escritura un medio con que “comerme la cabeza para resolver lo que llamo las grandes ecuaciones del misterio de mi propia vida, las cuales me darán la clave para saber hacia dónde dirigirme, cómo llamarme y, por fin, qué diablos ser”. Pero no hará el camino sola, sino de la mano de los textos de Lispector, hasta el punto de transformar Soy una caja en un remix de los grandes éxitos de “una escritora que afirmaba que una gallina, un perro, una cucaracha valían más que la literatura”. Su lema: “Digo lo que tengo que decir”, otra vez, “sin literatura”.

Mientras Nadila, una caja llena de palabras a las que no sabe muy bien cómo liberar, no para de buscar la forma adecuada de escribirlas: de narrarse a sí misma: de adquirir una identidad propia a través del relato, llegando incluso a escribir en camisetas, sobre su propio cuerpo (en una práctica genial de body art que, en otro campo, el periodismo, podría recordarme a Günter Wallraff), yo cada vez leo menos por placer. Quizá porque mi trabajo consiste en leer, de forma sesgada, como corresponde a toda lectura académica. Quizá porque no tengo a casi nadie con quien hablar de lo que leo y no me satisface, aunque lo haga, exhibir mis lecturas en Facebook, como veo que hacen tantos de mi generación, dando más importancia al hecho de la lectura que al libro en cuestión. No me apetece leer solo para mí. Podría decirse que leo hacia los demás pero no encuentro respuesta.

…Estoy buscando, estoy buscando. Intento comprender. Intento dar a alguien lo que he vivido y no sé a quién, pero no quiero quedarme con lo que he vivido.

C.L.

Y, sin embargo, sigo escribiendo.

Siento hablar de mí en un espacio que se suponía reservado a otro (un libro, Nadila). Pero quizá ese sea uno de los muchos méritos de Soy una caja: que te obliga a mirar hacia dentro y explorar.

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La forma de caminar, la forma de vestir, la forma de mirar… forma forma forma era lo que buscaba, quizá para no caer en el fondo porque yo era cobarde, en el sentido de incapaz de enfrentarme a él.

Natalia Carrero, Soy una caja, Madrid: Caballo de Troya, 2008.

 

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