Cuando los hombres mataban por defender la literatura

corral de comedias de Almagro 2

Hizo, en cambio, mucho ruido, y es por varias razones muy curioso, el Christophe Colomb, de Nepomuceno Lemercier, representado en 1809. Lemercier, que era un innovdor a medias, contradictorio consigo mismo y de fuerzas por todo extremo inferiores a la audacia de sus propósitos, llamó a su pieza comedia histórica shakspiriana, y tuvo el arrojo de violar las unidades de lugar y tiempo, que, en verdad, eran incompatibles con tal asunto. Hízolo por medio de un hábil escamoteo, presentando siempre a la vista del publico la carabela de Colón, con lo cual el viaje se efectúa sin cambio de escena, salvándose en apariencia el ridículo precepto, al mismo tiempo que se le conculca en lo sustancial. El recurso era ingenioso, pero la pieza fue silbada, y quizá lo merecía por otros conceptos. El tumulto fue tan espantoso, que se convirtió en batalla campal, y un hombre quedó muerto en el teatro, y otros muchos salieron magullados y contusos, en obsequio a la Poética de Boileau y a las tres unidades.

Marcelino Menéndez Pelayo, “Observaciones preliminares. X. El Nuevo Mundo descubierto por Cristobal Colón” en Obras de Lope de Vega, Madrid: Ediciones Atlas, 1968 [1900], p. 110.

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