Praga, 1941

“Hasta qué punto esa observación de Ágata recogía los invisibles terrores bajo los cuales la ciudad de Praga se humillaba entonces, sólo lo comprendí, dijo Vêra*, más tarde, cuando conocí la auténtica medida de la perversión del derecho entre los alemanes y de los actos de violencia que perpetraban a diario en el sótano del palacio Petschek, en la prisión de Pankrác y en el lugar de ejecución fuera, en Kobylisy. Por una contravención, una simple vulneración del orden reinante, se podía, después de haber tenido noventa segundos para defenderse ante un juez, se condenado a muerte y ahorcado de inmediato en la sala de ejecuciones que estaba al lado mismo de la de juicios, y a lo largo de la cual había un carril de hierro bajo el techo, del que colgaban los cuerpos sin vida que, según hiciera falta, se iban corriendo. La cuenta de ese procedimiento expeditivo se enviaba a los parientes del ahorcado o guillotinado, con la observación de que se podía saldar en plazos mensuales. Aunque en aquella época no se supo mucho de ello fuera, por toda la ciudad se extendía el miedo a los alemanes como un miasma taimado.”

W. G. Sebald, Austerlitz, Barcelona: Anagrama, 2002, p. 177.

*El signo lingüístico que en el original aparece sobre la -e- del nombre propio no es ^, sino el signo invertido. El editor de texto del escritorio de WordPress no lo maneja.

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