#29MHuelgaGeneral en Cáceres

Ayer no se solucionaba nada yendo a trabajar o quedándose en casa. Quizá tampoco se haya conseguido nada con una huelga general (harían falta más: una concatenación indefinida de huelgas hasta que se cumplan nuestras exigencias). Pero el actual panorama laboral vuelve insostenible la lucha faltando al trabajo. Hacen falta, es sabido, nuevas formas de protesta. Por eso ayer también había convocada una huelga de consumo: no todos podían permitirse faltar al trabajo, pero todos podíamos haber dejado de consumir. Es decir, si quizá cada vez sea más difícil resistir parando por completo la producción, siempre podremos frenar el consumo. Se nos pedía, nos exigíamos a nosotros mismos, un poco de ascetismo para contrarrestar el consumismo. Por eso (por la dificultad de afrontar las consecuencias de faltar al trabajo) quizá la hora elegida para la manifestación contra la reforma laboral del gobierno del PP fuera las 18:30. Estoy convencido de que muchos de los 10.000 asistentes (según los sindicatos convocantes. 3.500 según la Delegación del Gobierno) fueron a trabajar por la mañana y manifestaron su malestar por la tarde. Se trataba de lanzar un mensaje de oposición individual, cada uno, con su pancarta, el que creyera conveniente, y colectivo, de clase. Un mensaje de hartazgo contra una crisis sistémica producida por las especulaciones de la élite financiera (bancos y firmas de inversión) con la complicidad de los políticos, que, a su vez, con sus medidas han convertido la crisis financiera en una depresión económica (hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre). Es importante no perder de vista este contexto: estamos asistiendo a la transición del Estado social del Bienestar al nuevo Estado Neoliberal.

Fin de la manifestación: la Plaza Mayor. Allí los sindicatos mayoritarios usurparon la autoría de la protesta, tomando la palabra para agradecer su participación a sindicatos (para darse las gracias a sí mismos) y partidos, entre los que se mencionó al PSOE, artífice de la también muy dañina reforma laboral precedente. El momento tragicómico se produjo cuando, como si creyera ser un policía, como si las escalinatas del Ayuntamiento fueran suyas, un delegado de organización de no recuerdo si CCOO o UGT me dijo tímidamente que yo no podía estar allí. Y desde allí pude ver a más de 5.000 personas gritando y aplaudiendo que, no obstante, no llegaban a las 10.000 que los periódicos contaron en la Fiesta de la primavera del jueves pasado. Yo estuve en ambas manifestaciones, cada una con sus cifras, intenciones y lugares: qué distintos unos de otros.

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