Agustín Fernández Mallo en el Aula José María Valverde

© Aina Lorente

Jueves, 17 de febrero de 2011. Aula José María Valverde. Palacio de la Isla, Plaza de la Concepción (o de la Concha). Cáceres. Organiza: Asociación de Escritores Extremeños.

Escritor invitado: el poeta Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967), autor de la trilogía narrativa conocida como Proyecto Nocilla, cuya primera novela, Nocilla Dream (Candaya, 2006), supuso todo un acontecimiento y fue muy aplaudida por crítica y público por su novedad y riesgo. Varios premios y distinciones y las dos siguientes entregas de la trilogía confirmaron la revolución, el cambio de paradigma, que parecía tener lugar en el mundo de las letras españolas. Pero ¿cuánto hay de calidad y cuánto de publicidad en el Proyecto Nocilla?

Para Agustín Fernández Mallo, licenciado en Ciencias Físicas, la realidad es una representación. Tampoco cree que la naturaleza exista de forma aislada más que como mito romántico, de modo que lo artificial vendría a ser una prolongación de lo natural. En este escenario, la ciencia no puede ofrecer, a diferencia de la religión, verdades. La ciencia se limita a construir explicaciones o representaciones verosímiles -no verdaderas- de la realidad. Igual que la literatura.

Como escritor, Agustín Fernández Mallo mira esa realidad desde el extrañamiento, incluso, según sus propias palabras, desde la ingenuidad. Se coloca ante los objetos que forman el mundo como un marciano, con la intención de desautomatizar el sentido de los mismos. Hay que despojarse de prejuicios, dice, y volver a mirar. De su mirada resultan conexiones entre ítems tan dispares como el desierto de Wyoming y el secarral de Cáceres o Heidegger y el Cola-Cao.

Las “novelas” del Proyecto Nocilla, cuyo título, ojo, está inspirado en una canción del grupo post-punk Siniestro Total y no directamente en la crema de cacao, sugieren esas conexiones al lector a través de fragmentos, piezas de sentido escritas por impulsos, sin un plan previo, a veces casi por azar. Agustín Fernández Mallo dice sentir un profundo respeto por la inteligencia del lector: prefiere sugerir en vez de mostrar o explicar. Coincido con él en que el best-seller, el cine de Hollywood (y, añado yo, las novelas de los grandes literatos que publican en las grandes editoriales), que subrayan y repiten hasta la saciedad la información necesaria para comprender el sentido del texto (ya sea literario o cinematográfico), suponen un insulto a la capacidad comprensiva del lector, que, para la cultura de masas (que es lo mismo que decir literatura/cine/música comercial), no es tal, esto es, no es más que un consumidor. En este sentido, primero la poesía y después la narrativa del escritor gallego abordaron una nueva forma de expresarse y de narrar que constituyó una ruptura (yo no diría tanto una innovación) con respecto del canon comercial dominante de la literatura española. La obra de Agustín Fernández Mallo, que dice inspirarse mucho viendo la tele y que, a pesar del cosmopolitismo de sus textos, afirma no estar interesado en viajar o hacer turismo, intenta ser un laboratorio donde investigar sin desdeñar las referencias a la música o el cine más actuales, más allá de los presupuestos de la novela y la poesía que el propio autor llama “ortodoxas” en su ensayo Postpoesía. Hacia un nuevo paradigma. Una ortodoxia autocomplaciente que hace mucho que ha dejado de investigar. Nos quejamos de que ya no se lee, dice el poeta gallego, pero ¿cómo vamos a interesar a nadie si seguimos reelaborando las mismas ideas de siempre?

Sin embargo, la de Fernández Mallo fue una revolución a medias. Rompió con la estética de la literatura “culta” comercial, pero no con su ideología, lo que explicaría el elogio unánime de la crítica. La post-poética nos habla de objetos, situaciones y lugares más que de personas (Nocilla Dream surgió como consecuencia de un accidente -el azar-, de una convalecencia: período que suele provocar que el paciente centre su atención exclusivamente sobre sí mismo). Tengo la impresión de que está escrita contra el sector más visible de la tradición inmediata, no contra la vida, que es lo mismo que decir que sobre la gente.

Agustín Fernández Mallo pertenece, junto a nombres como Eloy Fernández Porta o Vicente Luis Mora, a la generación Nocilla o Afterpop, un grupo de autores que, de acuerdo con el análisis de Constantino Bértolo, se han visto en la necesidad de crear un espacio literario nuevo ante el vacío que se han encontrado como consecuencia del abandono en que, tras la Transición, cayeron autores críticos como Galdós y Clarín, los novelistas realistas de los años 20 y 30 o los neorrealistas de medio siglo. El precio a pagar ha sido aceptar como maestros a escritores extranjeros menores. Algunos de los referentes literarios de Fernández Mallo son Cortázar (no es el caso más flagrante, por supuesto), del que en alguna parte he leído que no está mal cuando eres adolescente y que a mí me parece muy burgués, y Perec, del que Damián Tabarovsky afirma que es el Cortázar francés. Otra consecuencia de abandonar la tradición crítica autóctona ha sido aceptar como propia la tradición anglosajona impuesta por el imperialismo estadounidense, eso sí, asimilada de manera aséptica, sin cuestionarla. Resumiendo: con todo lo que ello significa, la generación Nocilla no escribe para cambiar esta sociedad, escribe para ella.

Durante su intervención, Agustín Fernández Mallo se mostró simpático y agradable y su charla fue como su obra: dispersa, fresca, inteligente. Basten dos ejemplos de las conexiones que descubre su mirada extrañada:

-Mientras desayunaba una mañana, el escritor coruñés creyó ver reunidos en un brik de leche los tres tipos de tiempo que conocemos. En la fecha de caducidad, reconoció el tiempo cronológico. En la imagen de una campesina ordeñando una vaca intuyó el tiempo mitológico, el mito romántico de la naturaleza. Y en el código de barras percibió un tipo de tiempo que… lo siento mucho, pero no lo recuerdo. O no lo escuché. Es igual. Conclusión: la Historia del tiempo occidental en un brik de leche.

-Antes de pasar por Cáceres, Fernández Mallo estuvo en Plasencia. Allí, dice, le hicieron una pregunta chistosa: ¿qué te gusta más, le preguntaron, el Nesquik o el Cola-Cao? Cuando termina de contarlo, en Cáceres, la gente se echa a reír. Dice que le pareció una pregunta obviamente estúpida, pero que, después de pensar en ella, en el tren, no se lo pareció tanto. El Nesquik es una marca de cacao casi nihilista, muy de nuestro tiempo, porque se disuelve enseguida en la leche. A diferencia del Cola-Cao, que requiere que lo calienten, proceso que la publicidad de la marca asocia al hogar, a la intimidad, a la “cabaña heideggeriana”. Lo que nos devuelve al mito de la naturaleza encarnado en la campesina del brik de leche…

El autor del Proyecto Nocilla nos cuenta que, a pesar de que ahora es consciente de que se identifica más con el Nesquik, respondió que siempre le había gustado más el Cola-Cao.

* Este post se publicó primero en caceresentumano.com

Anuncios
Esta entrada fue publicada en escritura y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Agustín Fernández Mallo en el Aula José María Valverde

  1. mariangeles pedrera dijo:

    Gracias de nuevo por este post. Muy completo. Un autor diferente.
    Me gustaría que te pusieras en contacto conmigo en este correo. Gracias de nuevo.

  2. Pingback: Porn & Pains de Elisa Victoria | blog de David Matías

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s