Benito Pérez Galdós y la lucha obrera

by Joaquín Sorolla

El 1º de mayo

Madrid, 15 de abril de 1885

I

Estamos sobre un volcán, más claro, estamos sobre el 1º de mayo, día tremendo, en el cual la huelga universal de obreros ha de plantear en el terreno práctico el problema más grave del siglo, la cuestión social, la lucha entre el capital y el trabajo. Meses hace que la gran algarada socialista se viene anunciando; las naciones todas se aprestan a la defensa. Precauciones más imponentes que las que cincuenta años ha tomaban los Gobiernos absolutistas contra los revolucionarios, se toman hoy contra el colectivismo ¡Cómo han cambiado los tiempos! Entonces una logia masónica, un club de carboneros o de comuneros, donde oscuramente se reunían cuatro exaltados para entretenerse con grotescas ceremonias, ponía en conmoción a los Gobiernos y hacía danzar a la policía. Hoy todo eso ha pasado, ya no hay masones, ya no hay carbonarios más que en Rusia, con otro nombre y procedimientos más ejecutivos que los revolucionarios de occidente. El movimiento político ha hecho un alto que parece definitivo; la misma controversia entre la forma monárquica y la republicana tiene caracteres pacíficos, sin conspiración de logias, sin barricadas, sin aquellos héroes barbudos ni aquellos mártires de la libertad que llenaban el mundo con sus proezas.

Todo ha cambiado. La extinción de la raza de tiranos ha traído el acabamiento de la raza de libertadores. Hablo del tirano en el concepto antiguo, pues ahora resulta que la tiranía subsiste, sólo que los tiranos somos ahora nosotros, los que antes éramos víctimas y mártires, la clase media, la burguesía, que antaño luchó con el clero y la aristocracia hasta destruir al uno y a la otra con la desamortización y la desvinculación ¡Evolución misteriosa de las cosas humanas! El pueblo se apodera de las riquezas acumuladas durante siglos por las clases privilegiadas. Con estas riquezas se crean los capitales burgueses, las industrias, las grandes empresas ferroviarias y de navegación. Y resulta que los desheredados de entonces se truecan en privilegiados. Renace la lucha, variando los nombres de los combatientes, pero subsistiendo en esencia la misma ¿Qué quiere decir esto? Que los que no poseen, que son siempre los más, atacan a los que tienen, que son los menos, pero se hallan robustecidos por el amparo del Estado. El Estado defiende la propiedad adquirida por los medios legales, con absoluta preterición de la ley moral. El pueblo no se resigna. La Iglesia no se atreve a amparar a los desvalidos, temiendo salir perdiendo si estos alcanzan el triunfo. Pónese, pues, de parte de los poderes y de la propiedad constituidos. En el fondo hay, pues, gran semejanza con la situación de hace cincuenta años.

II

Concretándonos a lo del día, al temido alarde socialista del 1º de mayo, hay que reconocer que el hecho es imponente. Lo del año pasado fue tan solo un ensayo, y este año veremos la función en toda regla. Los obreros han aprendido mucho, y conocen que las algaradas tumultuosas, sin plan ni concierto ni unidad de acción, más les perjudican que les favorecen; obrando con acción meditada y común, expresando sus deseos en fórmulas concretas y prácticas, pueden desplegar una fuerza formidable. Meses hace que la Prensa de todos los países no se ocupa más que de la cuestión social. En todo abril los preparativos de la función anúncianse con el estruendo vocinglero de los meetings y reuniones. En España, Barcelona y Bilbao, como centro fabril la primera, y región minera de gran importancia la segunda, atraen principalmente la atención del Poder público y del país entero. Como ciertos ejemplos cunden con pasmosa facilidad, ya no hay pueblo, ya no hay región donde no se preparen a la huelga todos los trabajadores de cualquier clase que sean. Oficios que parecen refractarios a estas manifestaciones ruidosas de la idea socialista, quieren también echar su cuarto a espaldas, y ya se habla de la huelga de los enterradores y sepultureros, de las criadas de servir y hasta de las amas de cría.

Resulta bastante cómico este furor huelguista; pero hay que tomar precauciones contra la moda socialista, so pena de ver terriblemente perturbado el hogar doméstico. Si es verdad lo que se dice, y por algunos se teme, muchas señoras de las más encopetadas tendrán que ir a la compra el 1º, el 2 y el 3 de mayo. Otras, no tendrán más remedio que abandonar por unos días las ociosas galas que inventó la vanidad, ponerse el mandil, y meterse en al cocina, so pena de que el buen burgués se quede en ayunas los tres días terribles. Y si se confirma la desbandada de las nodrizas, ya pueden muchos, señoras y caballeros, dedicarse al manejo del biberón para que los chiquitines, burgueses del porvenir, no sean víctimas, en tan temprana edad, de la tremenda lucha entre el capital y el trabajo.

Bromas aparte, no cabe duda que durante unos días no tendremos pan, que tampoco tendremos carbón si no vamos a buscarlo nosotros mismos a la carbonería, o si no nos proveemos con anticipación de tan precioso combustible. Dicho se está que todos los oficios de taller, así grandes como pequeños, dejarán de funcionar, y es probable que los coches y tranvías dejen las calles y plazas en soledad tan austera como las de Jueves y Viernes Santo.

Entre las curiosidades de estos días, la más señalada es el meeting de mujeres celebrado hace dos días en Barcelona ¡Las mujeres también en huelga! ¡Emancipación, igualdad de derechos con el hombre! La cosa se complica. En dicha reunión hubo de todo. Algunas oradoras, que por cierto manifestaron grandes disposiciones parlamentarias, picaron alto, tratando al hombre como a fabricante, como a capitalista y burgués empedernido. Otras, se concretaron a expresar sus pretensiones en calidad de obreras, pidiendo aumento de salario y disminución de horas de trabajo. Todas tuvieron alguna palabra dura para el hombre, que en los descansos se va al casino o a la taberna a derrochar el jornal, mientras ellas cuidan la casa, y propusieron asociarse para defender sus derechos, excluyendo totalmente a los hombres.

De todas maneras, hay que reconocer que no es muy brillante el porvenir de los dueños de fábricas. Malos tiempos corren para que nadie piense en fomentar industrias. Y aquí empieza el problema a tomar gravedad. Si los industriales cierran sus fábricas, miles de obreros de ambos sexos perecerán de hambre. Al propio tiempo los capitales se estancarán, no habrá productos, no habrá rentas, y las pérdidas serán generales, sólo que la desventaja de los obreros es más inmediata, por tener escasos o nulos medios de resistencia. Tras de una perturbación más o menos grande, según las localidades, volverán las cosas al estado antiguo, y todo seguirá lo mismo, los capitalistas siempre explotando, los obreros trabajando siempre y viviendo al día. El Estado metiéndose en funciones que no le corresponden, no puede ofrecer más que paliativos. El remedio de la desigualdad no vendrá nunca, porque la desigualdad es irremediable, eterna y constitutiva.

En eso días, algunos periódicos han abierto solemnes informaciones sobre la cuestión obrera, invitando a los hombres más eminentes de todas las escuelas políticas y filosóficas a expresar su pensamiento sobre el problema planteado hoy en toda Europa. Pues bien, leyendo atentamente los pareceres de estos hombres, admirando el ingenio de uno, el saber profundo del otro, la originalidad de éste, la erudición de aquél, se saca en claro, como síntesis de todas sus opiniones, que la cuestión social no se de fácil arreglo por los medios que conocemos, ni por los procedimientos políticos ni por los morales. El espiritualismo es el que más se acerca a una solución, proclamando el desprecio de las riquezas, la resignación cristiana y el consuelo de la desigualdad externa por la igualdad interna, o sea la nivelación augusta de los destinos humanos en el santuario de la conciencia.

Pero fuera de esto, los brillantes informes de los señores Moret, Castelar, Echegaray, Pedregal, Sagasta, Núñez de Arce y Figuerola, no salen del terreno individualista, que deja poco más o menos las cosas como ahora están, y desvanecen los sueños de los ilusionados con la nivelación social.

III

Repito, en el último párrafo de esta crónica, lo que al principio dije, a saber, que ya no tenemos sólo un pie, sino los dos sobre el volcán del 1º de mayo.

Las noticias telegráficas que nos llegan de las ciudades donde es grande el número de obreros, dan a entender que las manifestaciones serán imponentes.

El vecindario se precave contra la escasez probable de comestibles; las autoridades se disponen a la resistencia: no faltan noticias cómicas en esta confusión de propósitos y deseos; pero la nota dominante es la del miedo. Debe notarse que no todo es armonía del lado de los manifestantes, porque anarquistas y socialistas no hallan modo de compaginar sus antitéticas doctrinas, aunque parezcan acordes en la pretensión común de la jornada de ocho horas.

Del extranjero, las noticias son más alarmantes que de nuestros centros fabriles. En Bélgica y en la Alemania del Rhin, en el Norte de Francia y en algunas zonas de Inglaterra, la agitación es grande.

¿Resultará al fin que no sucede nada? Hay tanto combustible reunido, que se pasaría de optimista quien esperara un solución feliz en los presentes conflictos. Lo que sí puede asegurarse es que cuando el volcán se apague, después de bien desahogado de lava y de humareda, volverán las cosas a la situación que siempre tuvieron, y los obreros seguirán siendo obreros, y los patronos, patronos; cobrando los primeros el jornal que las condiciones económicas de la industria determinen, y realizando los segundos aquellas ganancias que sean compatibles con las vicisitudes e irregularidades del trabajo en los últimos tiempos.

En España, hemos de contar con que la prohibición de manifestaciones al aire libre ha de irritar a los obreros. El año anterior, mandando los liberales, se permitieron las manifestaciones por las calles, y nada de extraordinario aconteció. Este año, mandando los conservadores, no irán las cosas tan pacíficas. Y, en último caso, ¿a qué discurrir sobre lo que ha de suceder, cuando tan cerca tenemos los sucesos, que sólo el espacio de algunas horas nos separan de ellos? De aquí a mañana se ha de esclarecer lo que hoy está oscuro. “Amanecerá Dios, y medraremos”.

Las palmas, 1890

El 1 de mayo

España Nueva, 1 de mayo de 1907

Las cuestiones sociales nos cercan, nos invaden y a medida que avanzan van arrojando de nuestro conocimiento y de nuestra conciencia las cuestiones políticas. Estas invirtieron, en el siglo pasado, los términos de la reivindicación humana, anticipando los derechos y libertades del individuo a la totalidad de los medios fáciles de vida y al bienestar físico de los hombres.

Hemos llegado a unos días en que las cuestiones sociales casi no necesitan la enseñanza, teórica, hablada o escrita. Ellas son su propio maestro. Los que han entrado en el presente siglo sin un estudio detenido de tales problemas, los aprenden por la lección constante y clarísima que dan los hechos sociales, por la protesta persistente de las muchedumbres débiles contra las minorías poderosas, por el progreso admirable del proletariado, en la inteligencia, la cultura y la organización, por las peticiones tumultuosas de igualdad circunstancial, precursoras del asalto a la igualdad posible.

Forzoso es que los obreros perfeccionen su instrucción, tomando la delantera a las clases patronales, que se duermen en la ventaja presente, descuidando el estudio de las leyes económicas y de las proporcionales ganancias del dinero y la obra. Bien harán los representantes del estado llano capitalista en apartar gradualmente de su seno el elemento estéril y holgazán, consumidor de los más saneados provechos de la tierra y de la industria. La ociosidad rica, gozante y «sportiva», indiferente al dolor general, está para muy pronto amenazada de serios disgustos.

Será triste, sí, que sufra deterioro la exterioridad suntuaria que ennoblece la vida de los ricos. Sin duda los golpes contra la vanidad infecunda herirán también al arte, a la elegancia, faceta interesante de la humana belleza. Pero esto será pasajero, y en último caso, pueden sacrificarse por algún tiempo los refinamientos suntuarios, siempre que se extienda el campo de la comodidad, hoy harto reducido.

Hay que contar siempre con que la justa remuneración del trabajo ha de producir maravillas que hoy desconocemos. Un porvenir cuya lejanía no podemos precisar nos muestra confundidas o armónicamente conectadas las tres ruedas de la actividad humana: Arte, Capital, Trabajo.

Nota: Benito Pérez Galdós fue diputado por el Partido liberal (progresista y monárquico) de Mateo Sagasta  desde 1886 hasta 1890. En 1907, se afilia al Partido republicano. En 1909, es nombrado, junto a Pablo Iglesias, líder de la Conjunción republicano-socialista hasta su retirada de la política activa en 1913.
La evolución política de Galdós es inseparable de su evolución literaria. Ambas son producto de una misma conciencia histórica y civil, que lo lleva de la novela y el cuento al teatro y del teatro a la política, siempre con el fin de ampliar su capacidad de comunicación.
Ambos textos fueron publicados en periódicos de la época. El primero fue recogido por el editor argentino Alberto Ghiraldo en 1923 en sus Obras inéditas, vol. IV. Política española (tomo II), para la editorial madrileña Renacimiento. El segundo aparece en Galdós demócrata y republicano (escritos y discursos 1907-1913), precedido por un valioso estudio de Víctor Fuentes (autor también de la compilación), publicado por el Secretariado de publicaciones de la Universidad de La Laguna en 1982.
Anuncios
Esta entrada fue publicada en política y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Benito Pérez Galdós y la lucha obrera

  1. María dijo:

    Resulta curioso las evidentes semejanzas entre los acontecimientos descritos y los que contemplamos en la actualidad, a pesar de que entre unos y otros discurren más de 100 años…
    ¿Tendrá la culpa el sistema económico al que nos acogemos? es cierto que dos de las ruedas de la actividad humana son el capital y el trabajo, pero quizás sería más interesante colocarlas tras la educación y la sanidad…

    • davidmatias dijo:

      A pesar de la conciencia generalizada de progreso, 100 años pero ¿muchos cambios?
      No tantos como nos gustarían, ¿verdad? Una educación crítica e independiente debería ser el motor de cambio…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s